Hace unas semana se supo por los medios la iniciativa del gobierno a “revisar y analizar las opiniones emitidas en redes sociales y blogs sobre los ministros y personeros de gobierno”. Según se publicó en una revista de circulación nacional, el contrato con la empresa que se encargará de esto, fue firmado el 25 de abril, por un valor total de $14.388.000 más IVA, con una vigencia de un año. A raíz de esto se han escuchado muchos comentarios cuestionadores del tema, unos a favor y otros en contra, con todos los colores que puedan verse desde las opiniones más diversas de nuestra sociedad.
Hoy por hoy, las redes sociales se han posicionado como la manera en que la sociedad misma, las fuerzas vivas se hacen sentir. Guardando las proporciones, hoy es mas efectivo una campaña bien armada en la Red que marchar por la alameda. Llegas a mas gente y con objetivos muy precisos, medibles. Ahora bien, ¿la usamos correctamente?
Hoy por hoy, las redes sociales se han posicionado como la manera en que la sociedad misma, las fuerzas vivas se hacen sentir. Guardando las proporciones, hoy es mas efectivo una campaña bien armada en la Red que marchar por la alameda. Llegas a mas gente y con objetivos muy precisos, medibles. Ahora bien, ¿la usamos correctamente?
Correcto es, según el diccionario de la Real Academia, cuando es de conducta irreprochable, o sea, cuando es apegado a las normas.
Esta evidentemente no es una pregunta fácil, porque como ya sabemos, Internet es precisamente lo contrario a cualquier norma o regulación, salvo las que el propio usuario quiera imponer. Tiene que ver con lo moral o lo socialmente aceptado, con lo que cada cual, en su perspectiva, haga lo necesario para regular la conducta y los deberes que ello implica (sic). Esto se refuerza con, si el lector me lo permite, con otras ideas social y legalmente aceptadas, como la Ley 20.453 de Neutralidad de la Red, aprobada por nuestro parlamento en Julio de 2010, en la que, básicamente regula que los proveedores de servicios (ISP) “No podrán arbitrariamente bloquear, interferir, discriminar, entorpecer ni restringir el derecho de cualquier usuario de Internet para utilizar, enviar, recibir u ofrecer cualquier contenido, aplicación o servicio legal a través de Internet, así como cualquier otro tipo de actividad o uso legal realizado a través de la red”.
Resulta que tenemos dos conceptos contrapuestos: por un lado un ente sin regulación, arbitrario y anárquico versus el buen uso que pretendemos hacer de él. Contrarios. Definitivamente antónimos.
Internet es una fuente importante de información, que ha servido de soporte y acelerado la difusión de noticias de muy diverso tenor y ha contribuido notablemente a la transparencia, socializando ideas y conceptos, trampolín para el desarrollo y tierra fértil para ideas emprendedoras, pero también soporte de iniciativas descabelladas y tontas que encuentran condiciones favorables en las debilidades que tenemos como sociedad, la ignorancia y los deseos mas básicos, en el espectro mas amplio imaginable.
De ahí que el tratar de calificar como correcto o no cualquier iniciativa choca, precisamente, con el hecho que estamos hablando de un ente desregularizado. Tratar de regularla, sería atentar contra la roca fundacional de la libertad de la red, de su esencia y por tanto del motor que la ha convertido en lo que es hoy. Aceptar en la otra vereda, que el caos y por tanto la relación causa efecto de lo impredecible sean el propulsor de lo que por la red pulula es rozar en la estupidez.
Resumiendo entonces, la pregunta es qué queremos. ¿Queremos regular o dejar Internet como lo que es hoy? Y por tanto, ¿Quiero que sepan quién soy, o qué opino? Porque como ya sabemos, privada Internet no es. De ahí que sea necesario que cada cual, desde su particular perspectiva, tenga conciencia clara de lo que hace, se auto imponga las propias fronteras de hasta dónde llegar y poder, entonces, decidir y actuar, sin confundir el yo debo con el yo puedo.
Educar logrando el equilibrio entre luz y verdad, parece entonces que debería ser una alternativa viable para hacer perdurar los beneficios y minimizar los riesgos. La conciencia ética que pueda autoregular el contenido, el uso y el provecho es lo que nos marcará como sociedad y hará que la información se pueda convertir en riqueza. Usar pero no abusar. Construir sobre bases utópicas, negando la complejidad del pensamiento, es negar la diversidad con la que se ha desarrollado el conocimiento humano. Usar esto para mezquinos dividendos es lo que no queremos en aras de, precisamente, sentar antecedentes que marquen a los que vienen detrás. Hacerlo o no es decisión personal. Aceptarlo o no es el reto que se nos impone como sociedad.